Ayer fui con la familia a ver La Odisea, dirigida por Nolan y protagonizada por Matt Damon en el papel de Odiseo. Lo primero que tengo que confesar es que yo soy muy fan de Odiseo, el héroe de multiforme ingenio que era tan astuto que podía expresar con su rostro algo distinto a lo que pensaba (reír mientras estaba enfadado, por ejemplo). Y soy fan de él en primer lugar porque era el más humano de los héroes griegos y, al mismo tiempo, porque era un héroe griego y eso significa que buscaba la gloria, que no dudaba en matar a sus enemigos, que se acostaba con toda ninfa y diosa que se ponía en su camino y que, en definitiva, seguía un código de conducta y de honor bastante distinto al de los occidentales modernos. Me gusta Odiseo, pero lo coloco en su tiempo y su cultura.
Me leí La Odisea (de Homero) hace muchos, muchos años. Confieso que La Ilíada me parece un relato más excitante, porque es como un cómic de superhéroes, en el que se pelean entre sí personajes como el hijo de Zeus y el nieto de Zeus (y gana el primero), los dioses aparecen en sus carros y son vencidos por héroes humanos y suceden muchas otras cosas maravillosas, aunque la mayoría son descripciones de cómo un lanzazo atraviesa el cielo de la boca de un guerrero o a otro le aplastan los sesos de una pedrada (sorprentemente, hay un montón de pedradas en La Ilíada).
Pero, centrándonos en La Odisea, ¿cómo no te va a gustar una narración de aventura llena de monstruos, viajes, diosas y dioses, descensos al Hades y todo tipo de excitantes aventuras? Odisea tarda diez años en regresar a su casa, en un viaje que se haría en circunstancias normales en un par de semanas, a lo sumo, pero también es verdad que vive un año con Circe (y tiene un hijo con ella) y siete años con Calipso, así que en realidad tampoco tarda tanto en vagar de un sitio para otro, es solo que se queda bastante tiempo en tierras de dioses y ninfas. Fuera del tiempo y las tierras de los hombres.
Odiseo no puede regresar a su casas porque con su orgullo ofende a los dioses. En concreto, ciega a Polifemo, hijo de Poseidón, y se jacta de ello, dando su nombre, el de su padre y el de su tierra ante el ciego gigante. Porque realizar una hazaña no sirve de mucho si nadie sabe quién la ha realizado. Y Poseidón se encarga de que una y otra vez no logre encontrar el camino de vuelta. Pero esto es lo interesante, Odiseo sigue y sigue, persevera, y regresa al fin a su casa y se carga a la gente a sangre y fuego porque lo de masacrar gente se le da de lo lindo a los héroes griegos. Después lo mata el hijo que tiene con Circe, Telégono, y Telémaco se casa con Circe y Telégono con Penélope, aunque eso ya no se cuenta en la Odisea. Qué cosa más rara, ¿verdad? Es lo que tiene estos mitos griegos, que nunca sabes si son cuentos y ya está o si sus ninfas, diosas y héroes no son sino representaciones de tribus antiguas y sus matrimonios las representaciones de antiguos pactos entre pueblos rivales (no me quiero poner muy Robert Graves, que luego se me echan encima los puristas; bueno, los puristas y Nirkhuz, que ha estudiado estas cosas y abomina de Graves).
Toda esta larga introducción solo sirve como prefacio para que veáis que a mí el héroe me gusta, su historia me gusta, y que admito que la mitología griega está llena de gente horrible. Y que cuando salí de ver la película de Nolan lo que pensé es que bueno, estaba bien hecha, pero es la Odisea de Nolan, no la Odisea de Homero.
Destripes y spoilers a partir de aquí. Bueno, entiendo que todos habréis visto ya la peli o que estaréis evitando leer esto antes de verla, pero aviso de todos modos, por si acaso.
La premisa principal de la película, el tema que subyace a toda la narración y que queda perfectamente claro al final de la película, es que los griegos logran vencer en Troya porque Odiseo comete un crimen contra la sociedad y sus costumbres. Usa un truco sucio dejando una ofrenda para los dioses en forma de estatua de caballo y luego entran a sangre y fuego en Troya y matan a todo quisqui. Pero lo peor no es que lleven a cabo una masacre, sino que lo hacen destruyendo los cimientos de su sociedad, atentando contra las costumbres, y esto es lo que provoca que la argamasa que mantiene unidos a los griegos se destruya, y que estos se conviertan en salvajes, en los «pueblos del mar» que se suponen que saquean todo el Mediterráneo occidental y suponen el fin de la Edad de Bronce y el comienzo de las edades oscuras, del siglo XII antes de Cristo al siglo VIII o VI. El paso de la Edad del Bronce a la de Hierro, por así decirlo.
La verdad es que la premisa no está mal. Que los pueblos del mar sean los propios soldados griegos, victoriosos pero envenenados por una década de guerra, que se dediquen a destruirlo todo porque ya no hay nada sagrado, es algo que ya había leído antes. Creo recordar que en Troya, de Gisbert Haefs, aunque puedo estar equivocado.
Y no está mal traído, no está mal traído. Nos da una razón para que Odiseo en realidad se sabotee a sí mismo, y que no quiera volver, porque siente que no hay un lugar al que regresar, ya que él ha provocado que la civilización y la cultura en la que ha nacido se haya corrompido y ya nadie confíe en nadie.
Lo malo es que... bueno, que al final este no es el Odiseo que a mí me gusta. La historia no está mal, pero como ha dicho la traductora Emily Wilson, en su artículo An Uncomplicated Man, al final el problema principal es que nos dejamos fuera gran parte de la personalidad del héroe, su inteligencia, su elocuencia, su encanto. Y no hay ni rastro de los dioses (no, ni siquiera de Atenea), y si no hay dioses ¿de dónde salen las tormentas, de dónde salen las profecías de Tiresias? Al menos los monstruos están ahí (Polifemo, Escila y Caribdis, los lestrigones), pero no hay ni rastro de los dioses, y ni Circe ni Calipso parecen ninfas o diosas, sino brujas o encantadoras.
Estoy dispuesto a admitir una versión más pegada a la realidad de la historia de Odiseo, sin dioses y con un tipo atormentado y con estrés postraumático, pero faltan cosas. Hay monstruos pero faltan dioses y, sobre todo, me falta un Odiseo carismático. Lo peor es esto último, que la historia no me emocione en ningún momento. Está formalmente bien hecha y no aburre, está bien contada. Pero no emociona, y no logra que empatice con el héroe que es el más humano de todos los héroes griegos, el más falible, el más parecido a nosotros. El que se busca la vida, miente, cae en la tentación, se levanta y sigue adelante, porque todos tenemos una Ítaca a la que volver, que creemos que es la infancia y que al final no es sino la muerte. Pero a la que tenemos que tratar de llegar, porque la vida es conflicto, y lucha, e ir tirando, mal que bien, disfrutando de lo que se pueda en el camino.
No le quito mérito, le encuentro las virtudes a la película, pero me falta la emoción, el conflicto, el fallo y el levantarse. Me falta lo que hace humano a Odiseo, y no es el ser un veterano de guerra traumatizado, sino... uno de nosotros.
Saludetes,
Carlos

