Unos amigos me enviaron hace poco un enlace a un artículo en el que se hablaba de la futura estrategia de Chris Cocks (jefazo de Hasbro) con respecto a D&D. El artículo es este: artículo en 3djuegos sobre D&D y básicamente el titular gordo es que la estrategia de la empresa es que cada vez haya más contenido digital y que los libros se queden más bien como un producto de coleccionismo.
Podéis leer vosotros mismos el artículo o ir a la fuente original en inglés, que está enlazada en el propio artículo. Lo que comenta el entrevistado es una estrategia que seguro que tiene sentido para los dueños de D&D. De hecho, tiene aún más sentido si son ciertas las afirmaciones de Cocks sobre que un porcentaje elevadísimo de jugadores de D&D usan su plataforma virtual para jugar los unos con los otros de modo online. La idea general es que, ya que todo el mundo juega sobre todo online, y las nuevas generaciones está acostumbrada a este modo de juego, lo razonable es dar cada vez más herramientas para promover esta forma de jugar.
Y cómo negarlo, claro que tiene sentido. Porque entronca con el signo de los tiempos: plataformas de streaming, juegos de ordenador pensados sobre todo para jugar online en multijugador, coches conectados a internet con funcionalidades que solo están disponibles si pagas la suscripción mensual (estamos a poco de que nos cobren por usar los frenos...). Así que, ¿por qué no el RaaS (Rol As A Service)?
Para los que no conozcáis el concepto algo ofrecido «como servicio» (as a service) es un modelo de negocio en el que el cliente no compra un artefacto físico con el que puede hacer lo que quiera, sino que se suscribe a un servicio que le da acceso al producto... mientras siga pagando. Es un concepto que nació en el mundo de la informática y que se ha ido extendiendo por toda la sociedad.
Diría que la primera vez que me encontré con el concepto fue cuando mi empresa se desembarazó de todos nuestros servidores y contrató con Microsoft el tener toda nuestra información «en la nube», que en realidad lo que quiere decir es que está en sus servidores, a los que accedemos a través de internet. Esto supuso, por supuesto, una reducción de costes, materializada básicamente en que antes había un departamento de sistemas con unos cuatro o cinco trabajadores y ahora tenemos un soporte físico alquilado a una empresa y una persona de contacto con Microsoft que se comen todos los marrones. El servicio es peor, por cierto, pero si los costes son menores para la empresa, ¿a quién le importa?
Esto se va extendiendo por doquier, y cada vez poseemos menos objetos y pagamos más suscripciones. En lugar de comprarnos un disco, nos suscribimos a Spotify. En lugar de comprar un reproductor de vídeo y películas en formato físico, nos compramos una Smart TV y una suscripción a Netflix, HBO, Amazon Prime, Disney+ y lo que nos echen. Nuestro coche está conectado a internet. Los libros nos los bajamos en nuestro libro electrónico con nuestra suscripción a Amazon. En casi todos los casos, seguimos teniendo la opción del pirateo, aunque, ¿no os da la impresión de que se piratea menos que antes? Probablemente no será porque seamos menos piratas, sino por pereza; tenemos tantas cosas que hasta robar resulta agotador.
Hasbro lo único que hace es adherirse a esta tendencia. ¿Para qué venderte libros que te sirven para montarte mil historias en tu casa, cuando puede venderte una suscripción por la que pagues todos los meses tu diezmo? Igual en el corto plazo es más barato comprar solo la aventura que te gusta, descargarla y jugar con tu VTT. Y que tengas siempre las últimas versiones de las reglas, que se arreglen erratas y todo eso. Pero veo también un futuro en el que Hasbro decida que su juego ya está obsoleto, y lo borre. Incluso de tu disco duro. Porque igual ya ni te lo podrá bajar a tu disco duro. ¿Os suenan los juegos multijugador cuyos servidores cierran y a lo que ya no puedes jugar más, porque es simplemente imposible?
En todo esto yo lo que veo al final es una dependencia. Las empresas cada vez más nos tienen pillados por los huevos. Leí no hace mucho un artículo que decía que los agricultores estadounidenses compraban semillas modificadas genéticamente que daban frutos sin semillas. Eran más resistentes a las plagas, creaban cosechas con frutos más gordos, pero dependían por completo de la empresa que les vendía las semilla. Esos mismos agricultores no podían reparar por su cuenta sus tractores, los tenían que llevar a un centro oficial de reparación, porque les puede caer una multa si arreglan sus máquinas con piezas no oficiales, o les hacen apaños. No sé si esto está sucediendo ya en España, pero entiendo que todo llegará, como todo lo que nos llega desde la capital de Imperio.
Cuando he comentado esto con más gente, hay quien me ha dicho que los libros siguen estando disponibles y que nadie te impide comprarlos y jugar al viejo estilo, todos alrededor de una mesa y con las aventuras que te inventes. Y que el hecho de que haya herramientas para jugar online es bueno, porque hay gente que no encuentra a otras personas con las que jugar cara a cara. Porque viven en pueblos alejados de las grandes ciudades, porque es más fácil quedar por la noche cada uno en su casa un par de horitas que tener que desplazarse a la casa del director de juego (o del jugador que ofrezca la suya) o porque ha tenido malas experiencias jugando con gente con la que no encajaba, por mil y unas razones.
Y yo digo que bien, que claro que todo eso pueden ser ventajas, y estoy seguro de que habrá gente que, o juega de esta manera, o no juega. Así que genial que tengan la opción. Pero diría que poco a poco vamos a un mundo en el que esto no es una opción, sino el modo principal de jugar. Y me parece que verse con otras personas, hacer cosas en grupo, darse la mano, compartir un desayuno o uno charla prepartida o postpartida, también es importante. Más incómodo, supongo. Pero es algo que te aporta otras cosas. Socialización, como mínimo. Sentir la presencia del otro de forma más tangible, más real.
Y ser algo más independiente. Tener tus libros físicos, tus discos físicos, tu coche no conectado a internet, igual es más caro inicialmente, pero también te deja un poco menos indefenso ante los vaivenes del mercado.
Tengo cincuenta tacos, soy un señor mayor (y me siento mayor). Ayer estuve celebrando el 75 cumpleaños de mi padre, y le vi también muy mayor. Pero el hombre se montó (con mi ayuda) un toldo para que nos diera la sombra a todos mientras comíamos en el patio de su casa, usando una lona, una cuerda y cuatro alcayatas. Yo probablemente habría comprado en Amazon una pérgola portátil. Mis hijos puede que en el futuro se suscriban a algo tipo Sombra As A Service.
Saludetes,
Carlos