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19 octubre 2026

Un espacio limitado en nuestro corazón

Siempre me ha gustado ver cómo una entrada de un blog termina animando a otros blogueros a escribir sus propias entradas en respuesta. Estas no tienen por qué ser respuestas directas, ni tratar el mismo tema. Pueden ser simplemente reflexiones sobre asuntos que la entrada original te ha inspirado, y que no caben en un simple comentario. Incluso cuando, como es mi caso, dichos comentarios no suelen ser cortos ni concisos xD.

Mi hermano escribió hace unos meses una entrada sobre su colección de libros de rol, que me llevó a mí a escribir una entrada sobre mi propia colección. Y la mía animó a Javier Albizu a escribir no una, ni dos sino tres entradas con sus propias reflexiones sobre sus libros. Y aunque aún le quedan por escribir más entradas, algo se me ocurrió al leer la tercera.

El comentario surgió porque Javier estaba hablando de una de las joyas de su colección, formada por apenas una decena de libros del juego en inglés Skyrealms of Jorune. Esta es una ambientación de tipo «romance planetario», situada en un planeta lejano (Jorune) donde habitan distintas especies inteligentes, incluyendo la humana, que lo han ido colonizando a lo largo de miles de años. En cierto sentido, el concepto me recuerda al de Tékumel, por lo de seres humanos viviendo en un planeta extraño en el que existe la magia, y que han olvidado sus orígenes en la Tierra. Pero no puedo decir mucho más sobre si se parecen o no, porque en realidad no he leído nada sobre Jorune, más allá de saber que existe y que fue un juego de rol con un cierto seguimiento el siglo pasado. Llegó incluso a tener un videojuego oficial basado en el mundo de juego, pero yo lo conozco solo por referencias que he leído en artículos o en publicidad; para mí es poco más de un nombre.

Pero para Javier es lo suficientemente importante como para que estos libros sean una joya en su colección. Y también como para haber escrito a uno de los autores de los suplementos hace muchos años, y para mantener el amor a este juego mucho tiempo después de que sea poco más que una nota en los libros de historia rolera.

Y no cabe duda de que algo debe tener este juego para que se haya mantenido tanto tiempo. Pero sé que no lo voy a leer. A ver, no me importaría leerlo si cayera en mis manos, u ojearlo. Pero es que yo tengo mis propias joyas que admirar: Glorantha, la Antigüedad Clásica en sus múltiples formas, Aquelarre, Ars Magica... En algunos casos son juegos más conocidos y en otros, cosas que prácticamente nadie recuerda, como Nephilim. Y sospecho que, para hacerle un hueco a Jorune, tendría que quitarme algo de encima. Y no me estoy refiriendo a un espacio físico en mis esforzadas estanterías, sino a un espacio en mi mente, en mi atención. Diría, incluso, que un espacio en mi corazón.

Sé que con frecuencia hablamos de que el mercado del rol está saturado. Que nuestras estanterías de Ikea se doblan bajo el peso de los cientos de libros que las abarrotan. Y que la gente no puede comprar más porque está empachada; la oferta supera a la demanda y no hay tiempo de seguir todas las novedades o incluso las líneas que nos gustan. En muchos sentidos puede ser un problema de que, en esta fase del capitalismo tardío, tenemos un problema de superproducción: se produce tantísimo producto de ocio que no tenemos tiempo de ver esa serie imprescindible, ese libro incunable o esa experiencia inolvidable. Hay demasiado de todo.

Ante esa exorbitante abundancia y la imposibilidad de acumular todos los discos, libros, películas y cómics que queramos tener, se nos ofrece la posibilidad de almacenarlo todo en la nube (por cierto, la nube no existe; es un ordenador enchufado en algún sitio). Pero incluso así, cuando disponemos de la capacidad de guardarlo todo y no perder nada, tenemos el problema de que somos seres pequeños. Nuestra mente tiene una capacidad limitada para almacenar conocimientos y, me temo, nuestro corazón tiene una capacidad limitada para amar. También podríamos decir que tenemos una capacidad de atención limitada, pero creo que lo del corazón es más poético ;).

Existe una teoría llamado el número de Dunbar, que dice que podemos crear relaciones sociales significativas con un número limitado de personas. El número varía entre 100 y 250, y la teoría tiene sus detractores. Pero empíricamente yo me he fijado en que las personas entran y salen de mi vida a lo largo de las décadas y que yo mantengo una «tribu» cuyo número de integrantes se mantiene razonablemente estable en el tiempo. A mi cumpleaños vienen unos 25 o 26 familiares. Mis grupos de colegas estaban formados por unas doce o trece personas. Termino hablando con mucha gente en el trabajo, pero en mi nuevo departamento tengo a unas 20 personas, y he dejado de hablar de forma habitual con otras tantas, que eran mi anterior tribu profesional. Quizá es una cosa mía, pero hay ocasiones en las que he llegado a olvidar el nombre de personas con las que he mantenido una relación muy estrecha durante años, simplemente con que salgan de mi círculo más cercano durante un tiempo relativamente breve de tres o cuatro años. Vale, admito también que soy bastante desastroso para esto de relacionar caras con nombres. Pero no creo que sea el único al que le pasa.

Sospecho que esto que nos sucede con las personas nos sucede también con los hobbies que amamos. Puedo seguir comprando y comprando libros y colecciones, pero al final me veo regresando una y otra vez a mis viejas obsesiones: Mythras/RuneQuest, Pendragón, Glorantha. Las cosas que nos impresionan de pequeños nos impresionan para toda la vida. Al final entran nuevos juegos, como Sombras Urbanas, pero no deja de ser significativo que para que entren unos, tengo que sacar otros de mi vida (por ejemplo, FATE). Admitamos que podemos querer a mucha gente, pero que no podemos mantener la atención en toda la gente que hemos querido a la vez. Lo mismo nos sucede con los juegos de rol, y probablemente con todo. No hay tiempo para hacerlo todo, a largo plazo, pero es que tampoco hay tiempo a corto plazo para mantener la atención en demasiadas cosas a la vez. Y al fin, lo que nos queda es elegir qué libros leer, qué serie ver y a qué personas querer.

Esto no quiere decir que no se pueda cambiar, y que estemos atrapados en aquello que llega primero a nuestras vidas. Habrá personas que mantengan la lealtad a algo durante toda su vida, y habrá quien vaya cambiando de una cosa a otra. Pero sospecho que todos, en un momento específico del tiempo, solo tenemos espacio para cierto número limitado de artefactos intelectuales o sentimentales.

Así que no os sintáis tristes o agobiados si no podéis verlo todo, hacerlo todo o tenerlo todo. No es posible. Somos demasiado pequeños, y el mundo es demasiado grande. Simplemente apreciad lo que tenéis, y disfrutad de aquello que os llena. Dedicad tiempo a las personas que os quieren y a aquello que os apasiona.

Y recordad, que todos tenemos un espacio limitado en nuestro corazón. Pero hay que procurar llenarlo.

Saludetes,
Carlos

P.D.: A título informativo, el comentario original que dejé en el blog de Javier fue este: «Jorune. Me temo que es otra de esas ambientaciones famosas y clásicas de las que apenas sé nada. Me di cuenta hace años de que no voy a tener tiempo de profundizar de manera real en todo aquello que merece la pena en este nuestro mundillo. Nuestro espacio material, mental y sentimental es limitado, y no podemos meter en él todo lo que quisiéramos. Jorune se merecería sin duda estar ahí pero, ¿qué es lo que saco para ocupar hueco? ¿Glorantha? ¿Pendragón? ¿Ars Magica? Quizá, a estas alturas de la vida, es suficiente con aceptar que una pequeña mente humana, y un corazón, tienen un espacio limitado». Probablemente, en ese pequeño párrafo, ya estaba escrita de forma más concisa toda esta entrada ;).

11 comentarios:

  1. Una entrada a contramano de la máxima friki número dos de blog, herejía!! :D

    Pero es que si, es así tal cual, por más que en el mundo actual tengamos disponible básicamente todo, hay que hacer el esfuerzo de no caer en la trampa de tratar de ver/leer/jugar todo de, que no nos da la vida. Mejor enfocarse en disfrutar aquello que si llegamos a experimentar. Y si nos perdemos de un imprescindible, o dos, o cien, bueno, no es el fin del mundo.

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    1. Bueno, bueno, es que esas máximas las escribí hace 20 años... ¡era joven e inexperto! :D.

      En cualquier casi, sí, no se puede ser friki de todo, y aunque hay que intentarlo, también hay que asumir que no da tiempo, y no obsesionarse por ello. Pero es que si escribo así la máxima, pierde fuerza xD.

      Y efectivamente, al final se puede prescindir de muchos imprescindibles, y dejar pasar muchas cosas que no se pueden dejar pasar. Pues anda que no hay cosas de las que disfrutar. Si nos libramos del FOMO, ganamos muchísima calidad de vida.

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  2. Lo has puesto en palabras mejor de lo que yo podría, pero mi sentir en esto es el mismo. Por eso hace ya un tiempo que renuncié a la mayoría de las novedades (no a todas, no siempre, ahí está Khosura, en cuya campaña entré, como último ejemplo hasta la fecha) y me centré en mi colección. O más bien, en algunos títulos de mi colección. A veces me da por mirar en las novedades en la página de alguna tienda online y la verdad es que no reconozco casi nada. Estoy satisfecho de ir quedando atrás con los juegos que más me gustan, viendo como las modas llegan y se van.

    Y creo que es una actitud sana para estos días, donde el mundo entero parece confabularse para insistir en que debo comprar esto, prestar atención a aquello, ver esa serie, no dejar pasar el libro/película/juego del (cada vez más breve) momento. Creo que una vez bajamos del carro podemos verlo todo con algo más de serenidad. Y que quizá centrarse y profundizar en unas pocas cosas puede ser mejor que rozar superficialmente una gran cantidad de elementos efímeros.

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    1. Yo también hago un caso relativo a las novedades y también me centro en cositas como Khosura, que creo que me va a encantar. No me importa perderme juegos, por mucho interés que generen en la comunidad. Ya tengo mis juegos fetiche y aunque no me cierro a tener nuevos, la verdad es que tengo más que suficientes :).

      Lo de profundizar en determinados juegos es una gran propuesta. Yo siempre digo que cuando tengo una campaña interesante entre manos, me importa mucho menos estar a la última; al final ya le estoy sacando partido al rol de una forma activa.

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  3. Esta entrada es preciosa. Creo que voy a publicar una entrada sobre los que siento libros de mi corazón.

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    1. Muchas gracias. Deseando leer tu propia entrada al respecto, y orgulloso de haberte inspirado a ponerte con ello :).

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  4. Gran entrada, Carlos. Que tenemos un espacio anímico limitado para todo es algo inapelable e inevitable. El por qué unos están siempre ahí y otros vienen y van es más difícil de descifrar. Y hablo de todo en la vida, pero especificamente en este caso, de juegos. Creo que la nostalgia es solo uno de los factores. Yo empecé a jugar a esto con D&D y me lo pasé bien, pero ahora mismo no solo no lo juego, sino que lo evito. Y aunque juego a Ars Magica casi desde que juego a rol, tengo otros juegos muy especiales que se han hecho su hueco en tiempos mucho más recientes y siguen ahí; otros se lo hicieron, pero fueron reemplazados. Diría que tienen más influencia los buenos ratos que nos han hecho pasar, sea cuando sea. Cuantos más y mejores ratos, más perduran en nuestro corazón, más mantienen ese espacio limitado, y menos se dejan sustituir por otros recien llegados. Hay juegos que incluso no hace falta siquiera que juegues: aunque hace eones que no juego a Cthulhu, sigue ocupando un espacio especial para mí y siempre me apetece leer alguna cosa sobre el juego, supongo que esos buenos ratos pasados hace décadas aún hacen vale su peso. En fin, supongo que cada uno tendrá su teoría.

    Yo también soy de los que cada vez reconoce menos cosas en el mercado actual. Pero también soy de los que cada vez siente más pereza a la hora de ver la última serie, la última peli, el último cómic… De hecho, cuanto más hype genera una cosa de estas, más pereza me dan. ¿Me estaré haciendo viejo?

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    1. Muchas gracias, Óscar. Hablando de juegos, yo creo que al final algunos llegan a nuestras vidas antes, otros después, pero al final los que se hacen hueco en nuestras vidas son aquellos que nos impresionan de un modo u otro. Para mí entre estos está RuneQuest/Mythras, porque fue de los primeros, Ars Magica, porque me parece que simula muy bien la vida de un mago o Sombras Urbanas, porque fue el primero que sentí que era un juego verdaderamente narrativo. Pero todos estos juegos están también asociados a partidas jugadas con amigos y a recuerdos de grandes momentos vividos con ellos. Es verdad que también pueden abrirse paso juegos que solo lees, claro, pero yo diría que aquellos que también juegas se te quedan más fácilmente en tu recuerdo.

      Y en cuanto a que nos estemos haciendo viejos, totalmente :D. Somos unos viejos pellejos, pero que nos quiten lo bailao.

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  5. Yo creo que voy a discrepar un poquito.

    Por más que nuestro tiempo, nuestros recursos y nuestro ánimo sean limitadas, nuestra capacidad para amar no lo es.

    Al mismo tiempo, la capacidad que poseemos para elegir ciertas cosas rara vez depende por entero de nosotros o nuestra voluntad. No elegimos lo que nos gusta y lo que amamos, sino que nos limitamos a encontrarlo. Generalmente esto sucede de manera fortuita, así que siempre hay que andar siempre atento y con la mente abierta. Porque nunca sabes qué puede cruzarse en tu camino y cuánto te queda aún por descubrir.

    Cierto es también que, como señores mayores que somos la mayoría de los aquí presentes, es más fácil que conectemos con cosas viejunas que con lo que hacen "los jóvenes", pero nunca se sabe.

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    1. Perfecto, perfecto, ningún problema en recibir comentarios que discrepen :).

      Evidentemente, nuestra capacidad de amar es ilimitada, pero no creo que nuestro tiempo lo sea, ni siquiera para amar cada cosa o a cada persona con la atención que se merece. Al final tienes que decidir y cuando pasa el tiempo te das cuenta de que hay gente a la que hace mucho que no ves, por ninguna razón en especial, simplemente porque la vida te ha puesto en una situación determinada y ellos se han alejado, por causa tuya o por la de ellos.

      No digo que haya que cerrarse a cosas nuevas, desde luego. Todos hemos conocido a personas afines y actividades que nos llenan, en momentos tardíos de nuestras vidas. Pero insisto en mi idea de que para que entren cosas nuevas, tienen que salir cosas viejas. Y a veces hacen el camino inverso, ¿eh? De repente recuperas amistades o aficiones, pero creo sinceramente que lo haces a cambio de dejar a otras atrás.

      En cuanto a conectar con cosas viejunas, lo comento en la propia entrada: las cosas que nos impresionan de jóvenes, nos impresionan para toda la vida. Pero también hay cosas que llegan después y se hacen un hueco.

      Pero sigo creyendo que tenemos un espacio mental limitado para mantener a personas y actividades cotidianas en nuestras vidas. Somos pequeños, no podemos abarcarlo todo.

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    2. Se trata de medios diferentes, pero a mí es algo que me pasa de vez en cuando con la música y los tebeos (con las series menos, porque estoy bastante desconectado), así que no sé por qué no puede darse en el resto.

      Y, sí, lo nuevo (ya sea gente, aficiones u obras) muchas veces da pereza, pero la vida es cambio.
      Como muestra de esto, en breve, volveré a dirigir Daegon a un grupo de jóvenes que nunca han probado otra cosa que no sea D&D (vale, igual que yo dirija Daegon no se puede interpretar como un gran cambio, pero un 50% de cambio en la ecuación es más que nada)

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