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24 mayo 2013

Cuentos del Bosque: El Enano Avaricioso

El cuento

Esta historia sucedió hace mucho tiempo en el Bosque Encantado. Un grupo de Enanos vivía en una casita en el bosque, y todos los días bajaban a una pequeña mina a cavar y conseguir oro, metales y piedras preciosas. Como eran grandes herreros, convertían todo lo que sacaban de la mina en preciosas joyas y útiles herramientas. Cuando consideraban que tenían suficientes, las cargaban en una pequeña carreta tirada por dos mulas blancas y se ponían en movimiento, cruzando el bosque. No era un viaje fácil, porque el Bosque Encantado podía ser un lugar peligroso si no conocías bien sus secretos.

Los Enanos siempre seguían la misma ruta: primero cruzaban el Río Multicolor a través del puente del Troll. El Troll siempre tenía el puente en muy buen estado, pero era un ser muy fiero y gruñón, y exigía a los Enanos una parte de sus joyas, las más bellas, antes de dejarles pasar.

Después, los Enanos se detenían en el pueblo de los Gnomos, que vivían en grandes setas rojas y blancas. Allí solían cambiar parte de sus herramientas por las ropas y telas que fabricaban los Gnomos. A las Gnomos les gustaban especialmente las finísimas agujas de coser que fabricaban los Enanos.

Justo en el borde del Bosque los Enanos solían perderse, puesto que allí los árboles guardianes estaban más despiertos que en otras lugares y a los árboles no les gustan demasiado los Enanos, puesto que estos suelen cortar mucha leña para alimentar sus fraguas y herrerías. Por tanto, al verles llegar, los árboles se movían, tapando los caminos, y golpeaban con sus ramas en los rostros y las posaderas de los Enanos, molestándoles y haciendo que se desorientaran. Para evitar esto, los Enanos siempre se guardaban las joyas más brillantes, y las usaban para atraer a los cuervos que vivían en ese lugar. Con la ayuda de las aves terminaban encontrando el camino de salida.

Al fin, los Enanos conseguían llegar a las tierras de los Hombres, donde cambiaban casi todas las joyas y herramientas que les quedaban por la rica comida y bebida de los campesinos: carne en salazón, frutas y verduras, y vino de sus viñedos. Después, volvían a su casa del bosque (pagando de nuevo a los cuervos y al Troll) y de este modo vivían felices.

Un día, uno de los Enanos, llamado Maluva, se dio cuenta de que siempre que llegaban a su casa se habían quedado sin las herramientas y las joyas que habían fabricado, y eso no le gustó nada. Insistió a sus hermanos para que trabajaran más y sacaran más metales y piedras de la mina, y todos accedieron, aunque terminaron muy cansados. Los Enanos cargaron la carreta hasta los topes ante la insistencia de Maluva de llevar más y más cosas con las que comerciar, y se pusieron en camino.

En el puente del Troll, Maluva se negó a pagar, y el Troll no les dejó usar su puente. Consiguieron cruzar el río por un desfiladero, pero tardaron muchísimo en hacerlo, y parte de sus mercancías se cayeron al río y se perdieron. En el pueblo de los Gnomos, Maluva insistió en no cambiar nada, puesto que ya tenían bastantes ropas y no necesitaban más. Tampoco pagó a los cuervos, y los árboles les tuvieron días y días perdidos en el bosque. Para cuando llegaron a donde estaban los Hombres ya llevaban tanto tiempo perdido en el bosque que casi no consiguieron comprar nada, porque los campesinos ya habían vendido su cosecha a otras personas. Eso sin contar con que Maluva insistía en pagar lo menos posible. Los Enanos volvieron refunfuñando a sus casas, y esta vez obligaron a Maluva a pagar a los cuervos y al Troll, para que el invierno no se les echara encima.

Cuando llegaron a su casa, todos los Enanos estaban cansados y enfurruñados. Todos menos Maluva, que estaba muy contento porque la carreta estaba llena aún de herramientas y joyas. Pero cuando trató de animar a sus hermanos, éstos le dijeron que no tenían suficiente comida, y que sus ropas estaban rotas por haber pasado tanto tiempo durmiendo a la intemperie. Maluva dijo que lo que debían hacer era volver a bajar a la mina para conseguir sacar aún más metales y piedras preciosas con las que comerciar.

El resto de Enanos le dijeron a Maluva que estaban demasiado cansados para ponerse de nuevo a cavar, y que lo que debían hacer era ir a visitar a sus primos de las montañas para conseguir comida con la que pasar el invierno. Pero Maluva dijo que si eran tan vagos como para no querer trabajar, lo haría él solo. Y aunque sus hermanos insistieron en que les acompañara, Maluva se negó, y se quedó cavando en su mina. Apenados, el resto de Enanos se marcharon hacia las grandes estancias de sus primos de las montañas, y allí se echaron novias y se casaron.

Maluva se quedó solo en su mina. Al principio se alegró de tener toda la casa para él, y de no tener que compartir sus joyas y sus herramientas con nadie. Pero después comenzó a aburrirse, y descubrió que no podía hacer muchas cosas sin ayuda, como tirar de su pequeña vagoneta llena de metal, o hacer que funcionara la fragua. Y sobre todo, echaba de menos hablar con otros Enanos de las cosas de las que ellos siempre hablaban: del sonido de las distintas vetas de mineral cuando las golpeabas con el pico; del tacto de las herramientas recién forjadas; o del bello color de la luz reflejado en las joyas recién labradas. Maluva tenía esas cosas, pero eran sólo cosas, y no las podía compartir con nadie.

Maluva al fin dejó de trabajar, y vivió una vida triste y solitaria, alimentándose de unas pocas raíces que recolectaba alrededor de su casa. Al fin un día sus hermanos volvieron, junto con sus mujeres, y se dieron cuenta de lo infeliz que había sido Maluva todo ese tiempo. Y los Enanos le consolaron, y volvieron a vivir con él, reabrieron la mina y repararon la casa. Y volvieron a comerciar con sus herramientas y joyas, y Maluva les ayudó, puesto que al fin había aprendido que acumular oro y joyas no servía de nada si estabas solo en este mundo.

Comentario

Supongo que este cuento es mi modo de enseñarles a los niños que el capitalismo es malo ;). No sé si llegaron a pillar la idea de que acumular y pensar sólo en el trabajo no merece la pena; creo que se rieron más cuando les dije que todos los Enanos se habían echado novia y se habían casado.

A nivel de ambientación, en este cuento aparecen por primera vez los Enanos mineros y los Gnomos en su poblado de grandes setas. Y el Troll, aunque casi no tiene protagonismo. A partir de este cuento, los distintos habitantes del bosque comienzan a interactuar entre sí, y poco a poco los personajes de un cuento terminan apareciendo en los siguientes, muchas veces a petición de mis hijos. Creo que poco a poco voy dejando de contarles historias con "mensaje" y la cosa va siendo cada vez más un relato de aventuras. Pero en este al menos, aún tengo la intención de enseñarles algún tipo de valor ;).

Por supuesto, los más viejos del lugar reconocerán el nombre del Enano :D.

Saludetes,
Carlos

08 abril 2013

Cuentos del Bosque: El niño y el dragón

El cuento

Era bastante habitual que, de cuando en cuando, un dragón bajara volando desde las montañas, cruzando el Bosque Encantado, y llegara a las tierras de los hombres. Siempre que ocurría esto, los caballeros se ponían sus armaduras, montaban en sus caballos y cabalgaban para enfrentarse a la bestia. Algunas veces ganaban los dragones, y conseguían llevarse un par de ovejas o una vaca a su cubil, y otras veces eran los caballeros los que vencían y lograban hacer huir al monstruo antes de que hiciera mucho daño.

Uno de estos caballeros salió un día a enfrentarse con uno de estos dragones y, horas después, regresó a casa, cansado y herido, pero victorioso. Su hijo, un muchacho valiente pero aún muy joven como para ser armado caballero, le recibió en la puerta de su castillo, y le ayudó a entrar en casa. El padre le explicó que había luchado con el dragón y que había conseguido que volviera volando a las montañas, pero que su espada se había mellado, su armadura estaba toda abollada, y su caballo estaba agotado por el esfuerzo. El hijo le pidió que la próxima vez que saliera a luchar con los dragones le llevara con él para ayudarle, pero el caballero le dijo que aún era demasiado joven.

Esto sucedió varias veces en los meses siguientes: el caballero salía a enfrentarse a los dragones y volvía horas después, hecho polvo. Y siempre que su hijo le pedía permiso para poder ir con él, el caballero le decía que aún era demasiado pequeño.

Un día, el hijo decidió que él acabaría con los dragones por su cuenta, y así su padre no tendría que luchar tanto con ellos. Se puso una armadura que se fabricó con un chaleco de cuero y unas cacerolas, cogió una espada de madera y se adentró en el Bosque Encantado seguido por su perro. Al principio fue incapaz de encontrar el camino a las montañas, pero tuvo la suerte que un sabio búho le preguntó que qué hacía vagando por el bosque. Cuando el niño le dijo que quería ir hasta el lugar del que venían los dragones, el búho trató de advertirle de que no lo hiciera, porque era algo muy peligroso. Pero el pequeño insistió, y al fin el búho le indicó cómo atravesar el bosque y llegar a las montañas.

El hijo del caballero se adentró en el bosque y fue preguntando a todo el que se encontró dónde había dragones. Un zorro le enseñó un camino secreto, y un duende le ayudó a cruzar un valle escondido. Hasta los árboles se apartaron en un par de ocasiones para mostrarle el mejor camino. Pero todos le dijeron que lo que estaba haciendo era muy peligroso, y que haría mejor en dar media vuelta. Pero el niño siguió avanzando, hasta que al fin llegó al pie de las montañas, a un lugar donde no crecía la hierba y estaba todo seco y requemado.

Allí, al poco tiempo de buscar, se encontró con un dragón, más o menos de su tamaño. El dragón no le había visto, así que el niño bajó a donde estaba y le desafío, como había oído que hacía su padre. El dragón, que en realidad era casi un bebé entre los dragones, pensó que querían jugar con él, y comenzó a mover la cola con alegría. Primero esquivó los golpes que el hijo del caballero le lanzaba con su espada, y al final, la quemó con una pequeña llamarada. Enfadado, el niño se subió encima del dragón, y comenzó a cabalgarlo como si fuera un caballo. El dragón fue dando tumbos por todo el valle donde se encontraban, y al rato tanto el niño como el dragón estaban riendo y jugando, y terminaron inventando mil y un juegos, en el que a veces ganaba el muchacho y a veces ganaba el dragón.

Mientras tanto, el padre del niño había pasado todo el día buscándole por el bosque. Al fin encontró el valle donde estaba su hijo, jugando con el pequeño dragón. Y al otro lado del valle vio que se acercaba un dragón mucho más grande, sin duda el padre del pequeño dragoncito. Al ver jugando a los dos jóvenes, tanto el caballero como el dragón se miraron y sintieron que en realidad era absurdo estar siempre peleando, cuando sus propios hijos habían encontrado la forma de pasarlo bien juntos.

Cuando los niños se cansaron de jugar, cada uno se fue con su padre. Y los padres decidieron que a partir de ese día dejarían de luchar entre sí, y que en lugar de eso, cada vez que un dragón bajara de las montañas, en vez de pelear, harían juegos como los que habían hecho sus hijos. Y si ganaba el dragón, se podría llevar a las montañas una vaca o un par de ovejas. Y si ganaba el caballero, el dragón se volvería a su cueva, sin destrozar nada. Y de este modo se crearon los Torneos de los Caballeros y los Dragones, que se convirtieron en la atracción más famosa del Reino de los Hombres.

Comentario

Este fue el segundo cuento que me inventé para mis hijos, ambientado en el Bosque Encantado. El anterior (La Araña atrapada en su tela) en realidad es bastante independiente del resto, en el sentido de que podría ambientarse en cualquier lugar. Pero en este cuento ya se empieza a perfilar la geografía del Bosque Encantado. Al sur están las tierras de los hombres, donde hay caballeros, posadas y castillos. Al norte están las montañas donde habitan los dragones (y, como veremos en otro cuento, los gigantes), y en el centro se encuentra el Bosque Encantado, que pronto se convertirá en el escenario de todo el resto de cuentos.

La inspiración principal para este cuento fue sin duda el libro ¡Dragones! de la colección "Elige tu propia aventura: Globo azul", que aún está en la casa de mis padres. Se lo leí a mis hijos en el verano del 2011, y poco tiempo después les conté este cuento. Al menos creo que en ninguno de los finales de ese libro estaba la posibilidad de que los dragones y los caballeros terminasen haciendo una especie de torneo para resolver sus diferencias, pero me pareció un final apropiado. En el mundo real, es mucho más difícil que los adultos terminen llegando a un acuerdo tan razonable, pero no es tan raro que dos niños de padres muy diferentes terminen jugando juntos ;).

Saludetes,
Carlos

03 diciembre 2012

Cuentos del Bosque: La araña atrapada en su tela

El cuento

En el Bosque Encantado había una araña que vivía en una pequeña cueva junto a sus hijos (arañitos y arañitas). La cueva tenía una puerta hecha de tela de araña, al igual que todos los objetos de la casa: las mesas, las sillas, las mantas ¡y hasta los cubiertos! Todos fabricados con tela de araña.

Un día la araña dejó a sus hijos en sus hamaquitas y salió a dar un paseo por el Bosque. Como esta araña solía meterse en líos, algunos de sus hijos e hijas la siguieron, escondidos a corta distancia.

La araña había decidido gastar un par de bromas a sus vecinos. Llegó hasta unos árboles y comenzó a hacer una tela de araña (sonaba "tiqui-tiqui-tí" mientras tejía) de hilos finos pero pegajosos y muy resistentes. Cuando estuvo terminada, se escondió detrás de una piedra y esperó a que se acercara alguien, permaneciendo tan quieta como sólo las arañas saben estar. Al rato apareció una ardilla dando brincos, y la araña se subió a la piedra y gritó: "¡Ardilla! ¡Ardilla! ¡Alguien se está llevando tus bellotas!". Y la ardilla, asustada, inmediatamente salió corriendo hacia donde las había escondido y se topó con la tela de araña, quedando totalmente atrapada. La araña se tiró al suelo, muerta de risa y agitando sus patas en el aire. Después se marchó, buscando hacer más travesuras. Los hijos e hijas de la araña, que lo habían visto todo, bajaron a la ardilla de la tela y le pidieron perdón. La ardilla les contestó que algún día su papá se metería en problemas.

Después, la araña se acercó a la charca de las ranas, y allí tejió una nueva tela ("tiqui-tiqui-tí") entre dos cañas. A continuación, se escondió debajo del agua, usando una pajita para poder respirar. Al rato apareció una rana, saltando, y la araña se subió a un nenúfar y gritó: "¡Ranita! ¡Ranita! ¡Alguien se está llevando a tus renacuajos!". Y la rana, asustada, salió corriendo hacia el lugar donde estaban sus hijos y se topó con la tela de araña, de modo que se quedó atrapada. La araña, muerta de risa, se tiró al suelo y agitó sus patitas en el aire, mientras la rana le decía: "Ay, araña tonta, algún día te meterás en problemas con tus bromas". La araña se marchó y sus hijos e hijas, que lo habían visto todo, bajaron a la rana de la tela de araña.

La araña correteó hasta una pradera, donde empezó a tejer una tela entre dos tulipanes (haciendo el típico ruido de tejer que hacen las arañas: "tiqui-tiqui-tí, tiqui-tiqui-tí"), y cuando la tuvo terminada, se escondió entre la hierba. Pero antes de que pudiera engañar a nadie, una hormiga que le había visto tejer la tela le gritó: "¡Araña, arañita! ¡Que se llevan a tus hijos!". Y la araña, asustada, salió corriendo, quedando atrapada en su propia tela. Y todos los animales del Bosque se acercaron a reírse de la araña, que estaba muy avergonzada por haber caído en su propia trampa.

Al final los animales se apiadaron de la araña y permitieron que sus hijos e hijas le bajaran de la tela. Y la araña prometió no volver a gastar bromas pesadas a sus vecinos (aunque no siempre mantuvo su promesa). Junto a sus hijos, volvió a casa y juntos fueron felices, comieron moscas, y nos dieron con el plato de tela de araña en las narices.

Comentario

Este es el primer "Cuento del Bosque" que me inventé para mis hijos, en el verano del 2011. Ese verano estuvimos de vacaciones en la playa y cada noche antes de dormir les contaba un cuento. Una noche mi hija mayor me dijo "papá, hoy nos podrías contar dos cuentos" y yo le respondí, irónicamente, "sí, dos cuentos... ¡os voy a contar tres!" a lo que mi hija me respondió "¡Bien! ¡Tres! ¡Tres!". Miré a mi mujer, que se estaba riendo de mi, y le dije, "vaya, la araña atrapada en su tela", con lo que conseguí que mi hijo mediano dijera "Sí, sí, ¡cuéntanos el cuento de la araña atrapada en su tela!". Antes de seguir hablando y enredarme cada vez más en mis propias palabras, opté simplemente por contarles tres cuentos, y que uno de ellos fuera éste.

Como siempre, un cuento pierde mucho cuando simplemente lo escribes, en lugar de narrarlo. Cuando se lo cuento a mis hijos, cada vez que la araña teje su tela, no sólo hago el ruido de tejer que he intentado reflejar con el "tiqui-tiqui-tí", sino que muevo la mano arriba y abajo y de izquierda a derecha, como si fuera la araña tejiendo su tela. Y cuando la araña se tira al suelo y se ríe, yo pongo la mano con la palma hacia arriba y muevo los dedos, como si fuera la araña riéndose de sus travesuras. Es mucho más divertido así, y a mi chico mediano le encanta ver reírse a la araña.

También es verdad que a medida que lo cuento voy cambiando cosas, como el hecho de que los hijos e hijas de las arañas vayan siguiendo a su padre por el Bosque. Esto fue en realidad un añadido de mis propios hijos, que no se contentaban con escuchar el cuento, sino que se insertaron en el mismo haciendo de arañitos y arañitas. Creo que no queda mal así, con los hijos mostrando más sensatez que su padre. Espero que la araña y sus hijos no se metan en más líos.

En el resto de "Cuentos del Bosque" comienzan a aparecer más personajes como Dragones, Trolls, Enanos, Duendes, y hasta Leónidas, el León Más Grande y Fuerte del Mundo, pero supongo que en una serie sobre estos cuentos no estaría bien que no empezara con el de la humilde y pequeña araña, que fue la que lo empezó todo.

Saludetes,
Carlos