El fin de semana pasado me lo pasé entero en las jornadas Ludo Ergo Sum. No he podido escribir antes sobre ello porque ha sido una semana entretenida en muchos sentidos, pero aquí estamos para hacer una pequeña crónica. Supongo que ya habréis leído otras, como por ejemplo, la de mi hermano, pero eso no evita que os deje unas impresiones propias. Y, en realidad, a mí también me sirven para, dentro de unas años, recordar detalles que se me van olvidando. La memoria es muy puñetera.
El renacimiento de las LES (ahora con entrada)
Llevo desde 2009 yendo a estas jornadas (fue la segunda edición, ya que la primera tuvo lugar el 2008). La primera vez mi hija mayor tenía tres años, el mediano uno y el pequeño ni había nacido. Este año la mayor ya es una chavala de veinte años y el pequeño es el segundo más alto de la familia después de yo mismo, así que, ¡cómo pasa el tiempo! La alegría por haber podido ir todos es mayor cuando tienes en cuenta que las jornadas bien podrían haber tenido su última edición en 2023.
Como os conté en la crónica de las LES 2023, el Ayuntamiento de Madrid no se lo estaba poniendo fácil a los organizadores; en ese año les quitaron un par de pistas para tener un torneo deportivo (avisando un par de semanas antes), les bajaron el aforo y, en general, les hicieron bastantes putadas. Al año siguiente, en 2024, fue imposible conseguir que el Ayuntamiento les cediera un espacio, y cuando pareció que lo iban a conseguir en Coslada, el Ayuntamiento de Coslada también les denegó el sitio en el último momento, con lo que nos quedamos sin las LES en 2024. Ah, y sé de buena tinta, porque soy de Coslada y tengo amigos en esa ciudad que a estas alturas ya se codean con los representantes políticos, que no se pudo hacer en Coslada porque algún concejal gilipollas consideró que eso era una mierda para frikis y que no merecía la pena organizarlo.
El caso es que en 2024 nos quedamos sin LES, pero es que en 2025 tampoco hubo, y entre los aficionados se barruntó ya la posibilidad de que nunca volviera a haber unas jornadas. En 2020 y 2021 no pudieron ser presenciales debido a la pandemia, en 2022 se recuperaron, pero en 2023 el Ayuntamiento no lo puso fácil, así que perderlas durante dos años seguidos fue para muchos casi la confirmación de que nunca más se podrían organizar.
Pero se ha podido, aunque con ciertos cambios. El primero, que ya no son unas jornadas gratuitas (aunque siguen siendo solidarias). Ahora la entrada tiene un coste, aunque he de decir que me parece uno de lo más asequible. Yo he podido estar los tres días pagando diez euros (¡y me incluía la entrada de un menor de hasta 15 años!), y mi familia, que vino solo el sábado, pagó 6 euros por cada mayor de 16 años.
¿Para qué se utilizó el dinero? Pues para poder alquilar La Nave, un centro para eventos del Ayuntamiento de Madrid en el que ya tuvieron lugar unas ediciones anteriores, las Ludo Ergo Sum 2019, que para mí fueron las más espectaculares de todas las ediciones. ¿Por qué en esta ocasión hubo que pagar y en las de 2019 no? Bueno, pues supongo que hace años se podía hacer un evento solidario, cultural y sin ánimo de lucro en Madrid de forma gratuita, pero ese no es el Madrid de hoy en día. Lo dicho, qué le vamos a hacer; es lo que hay. Que conste que no me quejo de los organizadores, que son unos benditos. Me quejo del Ayuntamiento.
Que tuviera un pequeño coste fue también importante a ciertos niveles, porque por ejemplo, en el 2019 el evento pudo terminar por la tarde del domingo, y finalizó con los organizadores subiéndose al auditorio, dando un pequeño discurso y organizando allí el tradicional sorteo solidario de material cedido por los patrocinadores (tiendas, editoriales, etc.). Este año el auditorio no se pudo usar (alguien me dijo que costaba dinero usarlo y no se lo pudieron permitir) y las jornadas terminaron a las 15:00 del domingo, porque eso hay que alquilarlo por turnos. También me comentó alguien que la mañana del viernes había habido otro evento y por eso tuvieron que estar montando mesas y sillas prácticamente sin tiempo el propio viernes a las 15:00.
Al terminar el domingo a las 15:00 y salir todos pitando del lugar para buscar algo de comer me hizo tener una sensación de que se habían cerrado un poco en falso; otros años ayudábamos a recoger sillas por la tarde, veíamos el sorteo, había unas palabras sobre el número de asistentes al evento, etc. De nuevo, no es una crítica a la organización, sino al hecho de que ahora ha habido que mirar por la pela y eso obliga a tomar ciertas decisiones. Entiendo que si les cobraban todavía más por tener abierto el sitio el domingo por la tarde, optaran por contener el precio de la entrada a cambio de perder un poco de «ceremonia de clausura».
Ojo, que en todo momento estoy hablando de oídas; no he hablado con ningún organizador de las LES (los heroicos camisetas naranjas) sobre estos temas, así que todo no deja de ser especulación mía, rumorología y dimes y diretes. Si alguien me da una explicación alternativa y con más conocimiento de causa, actualizaré la entrada.
El viernes, mercadillo
Los tres días que estuve yendo a las jornadas lo hice en mi coche, haciendo de chófer para Roberto Alhambra y Rubén Navarro (enorme rolero canario). Rubén pasó el fin de semana en casa de Roberto y Roberto es vecino mío de Rivas (y jugador en muchas de mis partidas), así que para mí fue un placer llevarlos y traerlos los tres días. El tercer día ya incluso me aprendí el camino y ni nos perdimos ni nos quedamos atrapados en el atasco provocado por los asistentes a uno de los trescientos conciertos que Shakira están dando en Villaverde :D.
El viernes lo cierto es que hice poco más que colas y más colas: primero para entrar y que me dieran la pulserita de todo el fin de semana (¡es complicado ducharse con la pulsera, pero se puede! ¡Es resistente la jodía!), luego cola para dejar cosas en el mercadillo y luego cola para intentar comprar algo en el mercadillo. Porque sí, este año también hubo mercadillo solidario, y este año sí que me decidí a llevar algo para vender. Sospechábamos que habría mucha gente llevando cosas este año, porque han sido dos sin mercadillo y seguro que se habían acumulado cosas en las estanterías. Y sí, había más gente que en la guerra y el mercadillo estaba lleno a rebosar, aunque yo creo que similar a otros años. Supongo que quien más quien menos habrá vendido por Wallapop o por Todocolección.
Lo que sí es cierto es que este año, igual que en los últimos años, hay diez juegos de tablero por cada juego de rol. Como comenté a los colegas, medio en serio, medio en broma, el rol ya no vende ni en el mercadillo. En la propia cola ya vi que lo que primaba eran los juegos de mesa; la gente iba literalmente con carritos de la compra llenos hasta las trancas, varias bolsas del Mercadona y otros medios de transporte, y todo el mundo llevaba cajas y cajas de juegos. Los que llevábamos rol éramos pocos y escogidos. De hecho, en lo que es la cola solo vi a mi hermano con un par de bolsas llenas de rol.
Cuando llevas cosas al mercadillo hay que envolverlas en film transparente y plantarles una etiqueta que tienes que imprimir previamente desde la página de las jornadas. Al llegar al mercadillo, y hasta el sábado por la tarde, te hacen la recepción de los juegos y los van llevando a la sala donde se compra. He de decir que esto está muy bien organizado y que jamás he tenido problemas con este sistema. Tiene la ventaja adicional de que puedes entrar en la página de las LES con tu usuario y comprobar en tiempo real qué es lo que se ha vendido de todo lo que llevas, lo que está muy bien para saber si te puedes gastar más o menos en comprar más frikismo :D.
Después de hacer la cola para dejar juegos, me tocó hacer ooootra cola para entrar de nuevo al mercadillo. La verdad es que no pensaba volver a hacer cola y ya me había perdido la posibilidad de apuntarme a una partida por la tarde del viernes, así que no me importó quedarme ahí. Estuve hablando con una pareja de Canarias que tenían un canal de juegos de tablero y que, la verdad, no habían jugado nunca al rol. A la hora de dejar mis juegos también estuve hablando con los que iban delante mío, que tampoco habían jugado mucho al rol. A ver si no va a ser casualidad que haya tan poco rol en el mercadillo...
Cuando por fin pude entrar, vi estanterías y estanterías llenas de juegos de tablero y wargames, y una mesa central en la que había rol, cómics y novelas. Tampoco mucho. Más bien poco. En fin, casi nada. Estuve tentado de pillar un par de cosas, pero al final solo me llevé una copia de Reign en inglés, que había dejado allí un amigo mío (Gilen). Al final de las jornadas, casi cerrando, el domingo, me volví a pasar un momento, y me pillé un libro... que había dejado allí mi hermano. O sea que al final no es que se venda poco rol en las LES, es que encima lo llevan mis amigos allí xD.
Después de comprar ya solo me quedó tiempo de entrar a saludar y poco más. Pero me quedé a cenar con un nutrido grupo de roleros, así que pudimos chafardear de lo lindo sobre nuestra afición, y luego pudimos disfrutar a la vuelta del atascazo provocado por la gente que salía del primer concierto de Shakira. Bueno, al menos nos quedó claro que el sábado nos volveríamos pronto, que también había concierto.
Partiditas de juegos de tablero con la familia
El sábado lo dediqué íntegramente a jugar una partida de rol el sábado y, después de comer, a probar juegos de tablero. Mi mujer y mis hijos, en lugar de despertarse temprano para venirse con Roberto, con Rubén y conmigo, me dejaron irme prontito a jugar al rol y luego se vinieron en otro coche a comer conmigo y que pasáramos la tarde juntos. Gracias a que mi mujer es una persona previsora, logró reservar en un chino que, por cierto, está muy bien (ChinaWok Express, junto al Cercanías de Puente Alcocer).
Después de comer los cinco allí, nos volvimos a las LES y estuvimos probando diversos juegos de tablero. Antes en las LES había una ludoteca en la que te dejaban juegos para que los probases, pero no sé si era mucho jaleo o si los juegos sufrían mucho, pero ya hace unas cuantas ediciones que eso no existe. Pero las propias tiendas y editoriales sí que montan mesas para mostrar sus juegos, así que pudimos probar unos cuantos, una vez logramos hacernos con una de las mesas. Nos enseñaron a jugar a estos juegos:
- TPK. Un juego de cartas obra de Roberto, en el que llevas a serie de aventureros que se adentran en una mazmorra, con cada vez más enemigos y trampas. Es un juego cooperativo que nos pareció muy divertido. Conseguimos llegar al final de la mazmorra, en el nivel 7, pero estuvo la cosa tensa hasta el final.
- Spy Guy Pirámide. Un juego muy bonito, que me recordó al juego del Lince, en el sentido de que hay que buscar elementos dibujados en el tablero, pero mucho más sofisticado porque el tablero es tridimensional y con piezas que hay que girar para revisarlas por un lado y por otro, y porque es un juego en el que vas contrarreloj, avanzando con tu ficha, pero también tratando de llegar a la meta antes que otra ficha que avanza también bastante rápido. Es cooperativo y logramos ganarlo... ¡con solo una casilla de ventaja con respecto a la ficha del adversario!
- Ruleta Rusa. Otro filler de cartas, pero nada de cooperativo, ¡aquí se trata de que el resto se vuelen la cabeza antes que tú! Metafóricamente hablando, claro. Este usa una serie de fichas que representan los espacios del tambor de un revólver, en la que solo hay una bala. Si sacas la bala, te quedas fuera de la partida. Pero tienes también una serie de fichas para pasarle el turno a otro, mirar las fichas del tambor y cambiar la bala de sitio, etc. Al final jugamos una partida y ganó mi hijo el pequeño. Hay que decir que fue el que más cara de póquer puso. Se mereció ganarnos, la verdad.
- Hues & Cues. El último juego al que jugamos fue una petición de mi hija, que ya lo conocía de oídas y quería probarlo. Es un juego en el que el jugador activo escoge un color de entre cuatro posibles que saca de una carta, y lo describe con una palabra. El resto tiene que poner sus peones donde creen que está el color elegido, y luego hay una segunda pista, esta vez de dos palabras. Se ponen otros peones y luego ganan puntos los que se hayan acercado más al color que realmente había visto en primer lugar el jugador activo. La verdad es que me pareció bastante divertido, y uno de esos juegos que se pueden llevar a las fiestas de amigos, porque pueden jugar muchas personas. Eso sí, quedé el último: mi vista ya no es la que era, y encima yo creo que distingo siete u ocho colores, con variantes de «clarito» y «oscuro», y para de contar xD.
También nos dimos una vuelta por el lugar para ver los distintos stands y tiendas, y las partidas que se estaban jugando a diversos juegos. Una vez cerraron las jornadas, mi familia se volvió por su cuenta y yo me fui a cenar a Rivas con Roberto y Rubén, en lo que es ya una tradición, con una charlita sobre lo divino y lo friki que se prolongó casi hasta las doce.
Partiditas en las LES
Este año conseguí jugar dos partidas en las LES. Una de ellas el sábado por la mañana, y la otra, el domingo por la mañana. Solo te puedes apuntar a las partidas el mismo día que tienen lugar y, aunque se supone que solo media hora antes, yo creo que por la mañana temprano, según entrabas y te escaneaban el código de barras, ya podías hacerlo.
El sábado traté de apuntarme a una partida de Shibuya, y lo cierto es que me apunté... pero hubo algún error en el sistema y nos apuntamos cuatro personas, cuando la partida era solo para tres. Como los otros jugadores me dio la impresión de que habían llegado todos juntos, le dije al máster que no se preocupara, que me buscaba la vida. Así que me di la vuelta, vi una mesa vacía, y allí que me senté. De este modo, terminé jugando a FATE, después de tantos años xD.
La partida de FATE era de ciencia ficción. La jugamos tres personas, un chico llamado Ismael, mi amigo Gilen, y yo mismo. Se trataba de una partida llamada El precio del aire, diseñada por el grupo creativo Panthalassa Entertainment. La dirigió uno de los integrantes del grupo creativo y la verdad es que nos lo pasamos muy bien.
El sistema es FATE Acelerado, que hace bastante que no utilizaba, pero con el que no tuvimos problemas: dados FATE, Aspectos, puntos de Destino, consecuencias... sí, la verdad es que no estorbaba, así que nos centramos en meternos en nuestros personajes y tratar de resolver el misterio. En la ambientación, la galaxia ha sido colonizada por los humanos, y no existen otras especies inteligentes. Y la tecnología no es demasiado avanzada porque no se puede mover tecnología muy compleja a través de los portales que comunican unos planetas con otros. Es una excusa como otra cualquiera para que todo recuerde al tipo de ciencia ficción industrial que se ve en películas como Alien o Atmósfera Cero, y aunque es discutible que no se pueda tener un nivel tecnológico superior (entiendo que se podría construir en local, aunque no se pudiera llevar tecnología de un sitio a otro), la verdad es que si asumías la premisa, todo funcionaba muy bien.
Mi personaje era un viejo mecánico veterano que llevaba más tiempo en el planeta fronterizo que nadie, y conocía al dedillo toda la ciudad en la que transcurría la aventura. Mis compañeros llevaban a una detective y a otra mecánica, y pronto tuvimos que hacer frente a una desaparición y a un sabotaje que ponía en peligro a toda la colonia. Yo personalmente me lo pasé muy bien, interpretando a un tipo que cada dos por tres soltaba cosas como «¡Por la calva de Lenin!» o «¡Por las Pelotas de Polonio de Putin!», y que constantemente estaba apelando a la conciencia de clase y a la solidaridad entre trabajadores. Ya sabéis, me gusta interpretar a gente muy distinta a mí...
Al final logramos salvar la ciudad y descubrir a los culpables. Me pareció una aventura tipo one-shot de lo más resultona. La recomiendo.
La segunda aventura que jugué fue, por fin, la de Shibuya. Esta vez sí me pude apuntar correctamente, junto a otras dos personas (un amigo llamado Rubén, pero no el mismo Rubén al que hice de taxi) y una chica que no conocíamos. Shibuya es un juego basado en el sistema PBTA, con algunos toques de FATE. La ambientación es el japón actual, pero simulando un género que creo que tiene su propio nombre (que ahora no recuerdo) en el que gente normal convive con seres mágicos. No llega a ser Doraemon y no llega a ser Ranma 1/2 pero creo que se le acerca. La partida la dirigía el autor del juego, Jorge Arredondo (que es también el autor de Fábulas), un amigo al que conozco desde ya hace muchos años. La verdad es que tenía ganas de probar su juego.
Los tres jugadores interpretábamos a tres chicos de instituto que tienen a una compañera de clase que ha vuelto de las vacaciones de invierno muy rara; si antes era alegre y muy divertida, ahora de repente se ha vuelto tímida y solitaria, y se ha quitado de todas las actividades, excepto del club de ocultismo. Mi personaje era un joven que había sido miembro de una banda de delincuentes juveniles pero que lo había dejado.
Una de las cosas que más me gustó es que Jorge nos presentó los personajes pregenerados e, inmediatamente después, las tarjetas X y los semáforos que él utiliza en las partidas. Lo cierto es que no llegamos a usarlas, pero me pareció bien que las sacara en las jornadas, porque por ejemplo, Rubén, Jorge y yo nos conocemos de hace muchos años (jugamos juntos a la partida rol por foro de la USS Heracles) pero a la otra chica no la conocíamos de nada y no sabíamos cómo se iba a sentir jugando en una partida de gente de cuarenta y todos o cincuenta (era más joven). El caso es que no hubo ningún problema en absoluto, pero los personajes eran adolescentes, tenían dudas sobre su sexualidad, trataban de ligar los unos con los otros y, en general, se podía dar el caso de que se tocaran temas delicados. Creo que, en jornadas, no está de mal usar este tipo de herramientas.
La partida estuvo muy divertida. Al final descubrimos el misterio de la chica, aunque para ello tuvimos que colarnos en su casa (casi nos detienen) y hacernos preguntas sobre nosotros mismos que quedaron la mar de chulas. Me gustó el juego, la verdad, aunque no sé si podría dirigirlo correctamente, porque me parece que Jorge conoce muy bien el género y nos pudo guiar en detalles sobre Japón y los mangas de ese estilo que yo no conozco en absoluto.
Compras, despedida y cierre
El domingo, antes de empezar a jugar, me di una vueltecita por los distintos stands. Hablé un poco con Juan Carlos Herreros, de Distribuciones Sombra, con Tiberio, de HT Publishers y con Felipe, de Sugaar. Me llevé un par de libritos para la saca (El Rey ha muerto, Historia de los juegos de rol en España o Xorandor: la Suoscuridad), y hasta me hice con un juego de rol del que no había oído hablar llamado So Below, de la editorial española Ni! (ojalá su nombre sea una referencia a los Caballeros Que Dicen ¡Ni!). No los conocía, pero la propuesta me pareció muy interesante, sobre todo porque tengo debilidad por la fantasía urbana.
Como ya he dicho, según terminamos de jugar nos marchamos a comer y a chafardear un poco. Entre pitos y flautas luego me quedé a tomar un cafetito por ahí y terminamos llegando a media tarde a Rivas, cansados pero satisfechos.
No voy a decir que fueran unas jornadas perfectas, porque como ya he dicho, me hubiera gustado que el final del domingo no hubiera sido tan abrupto, pero han sido tan perfectas como han podido ser, y yo las he disfrutado al máximo. No suelo ir a otras jornadas a lo largo del año, y desde luego, no paso todo el fin de semana fuera muy a menudo. Pero las LES son como un refugio de frikismo con el que empezar el curso escolar. Una de esas citas obligadas anuales que espero con ansia. Aunque ya no tengan casi rol en el mercadillo y aunque haya que pagar un poquito (una miseria; no tendría ni que mencionarlo), yo disfruto sobre todo de poder charlar de rol con gente que normalmente no veo en el resto del año. Y de jugar, claro. Ha habido años en los que no he jugado partidas, pero siempre, siempre que juego me doy cuenta de que me enriquece, porque veo nuevas formas de dirigir y jugar, y aprendo para mis propias partidas. Me alimenta el alma, y me llena de energía para seguir disfrutando de esta afición.
Así que ya sabéis: si tú me dices LES, lo dejo todo. Hasta el año que viene.
Saludetes,
Carlos

