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12 septiembre 2022

Caminando hacia Santiago

Se ha terminado el verano, si no oficialmente, al menos de modo oficioso. Prácticamente todo el mundo ha vuelto ya de vacaciones, los niños vuelven a colegios e institutos y los clientes vuelven a hacerme aborrecer la informática. Bueno, ya queda menos para la jubilación.

Este año, por una circunstancia muy concreta, he tenido que esperar a agosto para cogerme las vacaciones, y os aseguro que se me ha hecho muy largo. Yo estoy más acostumbrado a cogerlas a principios de julio o como mucho, a finales de ese mes. Esperar a las tres últimas de agosto ha sido agónico. Y encima vuelvo y está ya todo a tope, a la carrera, que se acaba el año y en dos días estamos en Navidad y hay que cerrar presupuestos. Qué estrés, con lo bien que se estaba en casita xD.

La razón por la que este año he organizado así las vacaciones ha sido porque me he ido con mi mujer y con tres parejas de amigos a hacer el Camino de Santiago, y llevábamos con ello planeado desde el año pasado y las fechas eran la última semana de agosto y la primera de septiembre: cinco días de marcha, de lunes a viernes y dos días en Santiago de Compostela visitando el lugar antes de incorporarnos a la vida moderna.

Yo el Camino no lo he hecho por motivos religiosos y tampoco como reto personal (aunque algo había de esto último). Lo cierto es que siempre ha sido algo que me ha fascinado por ser una peregrinación que lleva siglos realizándose y por todo el significado esotérico y cultural que lo rodea. Ya había pensado hacerlo hace años, y tengo bastantes libros y revistas sobre ello, incluyendo claro está ese suplemento llamado Danza Macabra para Aquelarre, que son una serie de aventuras entrelazadas y vertebradas alrededor del Camino. En todo momento tenía la brumosa idea de hacerlo a lo mejor cuando me jubilase y tuviera tiempo para ello, pero un amigo que ya lo había hecho antes nos propuso organizarlo encargándose de buscar hostales y un servicio que te lleva la maleta de un hostal a otro. Sí, efectivamente, no he sido un peregrino sino un turisgrino, es decir, un turista al que solo le hace falta el sherpa xD. Pero bueno, andar, tienes que andar tú. Y nos hicimos muchos kilómetros.

La distancia mínima para que te certifiquen que has hecho el Camino cuando llegas a Compostela a pie son cien kilómetros. Hay diversos Caminos para llegar a Santiago: el del Norte, el Portugués y el que hicimos nosotros que fue el Francés. Si sigues el Francés y quieres hacer cien kilómetros mínimos lo tradicional es comenzar en la localidad de Sarria y hacer cinco paradas: en Portomarín, en Palas de Rei, en Arzúa, en O Pedrouzo y finalmente en Santiago. Cada etapa consta de entre 20 y 30 kilómetros y no sé vosotros, pero yo he tardado 46 años en andar en un día no ya 30 kilómetros, sino 20 xD. Vamos, que aunque hemos estado un año antes preparándonos para el Camino saliendo a andar y gastando el calzado que íbamos a usar, la verdad es que hemos hecho salidas de 12 o 14 kilómetros. Y al día siguiente estaba hecho polvo. ¿Cómo se me iba a dar lo de hacer 23 kilómetros un día y al día siguiente otros 24 y al día siguiente 30...? Pues el caso es que... bien.

Como suelen decir los deportistas de élite, "el cuerpo nos respondió y las lesiones nos respetaron". Al final tuve un par de pequeñas ampollas en uno de los pies y un par de uñas que se me pusieron (y siguen) moradas. El primer día terminé con un poco de dolor de caderas el camino y el cuarto se me puso un dolor en un músculo que unen la pierna con el abdomen (no era el abductor). Y, por supuesto, todos y cada uno de los días a partir de la primera cuesta yo ya empezaba a sudar y no dejaba de hacerlo hasta llegar a destino. Eso es algo molesto, pero tiene la ventaja de que no tenía que parar a mear; todo el líquido que tomaba lo sudaba xD.

Pero quitando el cansancio normal y corriente, el caso es que al día siguiente te levantabas y a las siete y media de la mañana estabas de nuevo en camino con tu mochila con agua y frutos secos y los dos palos de caminar que se han convertido en herramientas imprescindibles para ayudar en las cuestas, tanto para arriba como para abajo. Incluso en las etapas dos y cinco me sentí hasta bien, llegando a estar en los puestos de cabeza de mi grupo ;).

Mi mujer la pobre tuvo más mala suerte y se le pusieron unas ampollas en los pies que la llevaron por la calle de la amargura. El segundo día las tenía en la planta del pie, antes de los dedos y a partir de ahí, y por tener que ir cambiando la pisada, le fueron saliendo por otras zonas hasta terminar que no podía ni andar. Pero el caso es que lo hizo. Despacito y al ritmo que podía, parando para curarse las heridas, pero lo hizo. Yo me fui quedando con ella y nos fuimos dando ánimos el uno al otro hasta conseguir llegar a Santiago. La verdad es que llegar a la plaza del Obradoiro cuando te has hecho 117 kilómetros en cinco días es muy, muy gratificante. Sobre todo cuando no estás acostumbrado a este tipo de actividades físicas.

A mí me hubiera gustado tener fuerzas para visitar los sitios en los que descansamos a lo largo del Camino, que tenían iglesias, restos arqueológicos o simplemente preciosas vistas, pero a lo largo del recorrido ya pude disfrutar de los bosques y los pueblos que cruzábamos. En ocasiones lo hacía hablando con mi mujer o los amigos, pero en otras ocasiones, si veía que tenía que bajar el ritmo, me ponía los cascos e iba escuchando podcasts. Obviamente, de rol xD. Y ahí me subía las cuestas y atravesaba los caminos escuchando hablar de juegos PBTA, de aventuras clásicas y de Raven, un juego de Shadowlands al que voy a tener que echar el guante más pronto que tarde. De cuando en cuando tomaba alguna foto, como las que podéis ver en esta entrada, aunque he preferido quedarme con la memoria de la experiencia, más que con fotos concretas.

Los dos últimos días visitamos Santiago y descansamos. Estuvimos en la misa del peregrino el viernes, al llegar, y vimos volar el botafumeiro (porque lo pagaron unos estadounidenses, que ya se sabe que esa gente tiene pasta). Vimos el féretro del santo (aunque a mí siempre me ha parecido que sería curioso que el que estuviera ahí enterrado fuera Prisciliano, y visitamos las cubiertas de la catedral, es decir, andamos por el techo. Yo llegué a hacerme un tour guiado por el casco antiguo al que mi mujer no vino porque sus pies no se lo permitieron ya.

Al final ha sido una experiencia muy positiva. Hemos sudado, nos hemos cansado y en algunos momentos hemos llegado a pensar que no lo conseguiríamos. Pero en última instancia hemos seguido adelante y lo hemos conseguido. Creo que el Camino es una metáfora muy potente de lo que es la vida: empiezas un poco sin saber por qué; recorres naturaleza bellísima y ciudades desconocidas; te vas cruzando con personas que a veces te adelantan, a veces dejas atrás y, en ocasiones, hasta te vuelves a encontrar; avanzas a veces con más fuerzas y a veces con menos; se te hace más fácil cuando lo recorres con amigos o con la persona amada; y cuando por fin llegas al final piensas... ¿ya? Vaya, al final se me ha hecho corto y todo ;)./p>

No sé si volveré a hacer el Camino o si esperaré a jubilarme para volver a intentarlo, quizás de forma más completa. Pero sí sé que ha sido toda una experiencia transformadora. Al final la vida es ir tirando, pero también es agradable ponerte retos y cumplirlos.

Saludetes,
Carlos

10 comentarios:

  1. Yo hice el Camino hace 13 años. Por esos días yo tenía 16 años y lo hice junto con mi madre y mi hermano (por aquellos días, 46 y 19 años, respectivamente). Nos hicimos el Primitivo, desde Oviedo, e imagínate lo que fue eso para un chaval con cierto sobrepeso y no muy deportista. Los tres primeros días fueron bien, pero luego empezaron algunas etapas asesinas y recuerdo con verdadero terror una etapa, la de llegada a Lugo, en la que nos perdimos e hicimos 38 km (estuvimos más de 10 horas andando ese día). Y nosotros todos cargados, claro. Recuerdo que cada día nos repartíamos el quien tenía que llevar la comida (la solíamos comprar para los siguientes 2-3 días) y cuando te tocaba era una gaita.

    Pero fui cogiendo fuerzas y fui pudiendo, y al final llegamos a Santiago y todo. No me morí (aunque tenía ganas a veces ) y fue un tanto providencial que lo hiciera en ese año ya que dos años después tuve un aparatoso accidente con la bici que me ha dejado la rodilla lesionada. Pese a que en general mi estado físico es mejor que cuando era un chaval creo que la lesión de rodilla no me dejaría hacerlo y me frustra bastante, porque realmente fue una de mis experiencias favoritas (aunque a toro pasado, claro, en su momento... ¡uf!). Pasó de todo: roturas de mochilas, quemaduras durísimas, lluvias salvajes, tener que arrancar las perneras de un pantalón para usarlas como mangas (por las antedichas quemaduras), picaduras de insectos raros (por suerte, no garrapatas), vacas sentadas en mitad de caminos estrechos y tener que saltar por encima de ellas, pasar por pueblos abandonados de la cordillera cantábrica donde el único habitante era un simpático mastín y hasta (mi madre asegura, yo no lo tengo tan claro) un encuentro con un lobo. Si después de tanto tiempo lo recuerdo tan bien, por algo será. Quizás me anime a hacerlo con bici, quien sabe...

    En fin, me alegro de que te haya gustado hacer el Camino. Yo lo guardo con mucho cariño en mi corazón y es algo que te acompaña durante años y años. Aunque vaya, de vez en cuando toca recordarlo.

    Perdón por la batallita, ¡buena entrada!

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    1. Con 13 años yo también era un chico gordito y en baja forma; ahora soy un señor gordito y en baja forma xD.

      Uff, camino primitivo desde Oviedo es una buena paliza, y esa etapa de 38 kilómetros tuvo que ser demencial.

      Al fin es cierto que puedes. Haces un esfuerzo y puedes y luego, cuando te olvidas del dolor y las ampollas y los momentos de bajón, lo cierto es que lo recuerdas con cariño. Yo creo que sí que me va a durar el recuerdo años y años.

      Sin problema por la batallita, ¡en este blog nos gustan las batallitas! :D

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  2. Nosotros hicimos la misma ruta, empezando en Sarria y acabando en Santiago a los cinco días. En mi caso lo más relevante fue que a pesar de todas las palizas caminando, ¡yo gané peso! Demasiada cerveza, demasiado pulpo y demasiados padrones, que por entonces ya andaba emigrado y lo echaba mucho de menos todo.
    Es cierto que se crean anécdotas a patadas, mi mujer y mi hermano todavía me recuerdan las más embarazosas. Gracias por compartir la experiencia.

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    1. Sobre el peso no sabría decirte, pero no descartaría haber engordado también; ¡el lema del viaje fue "pies jodidos, comida rica"!

      Hay muchas anécdotas del viaje, cinco días (más dos) dan para muchas cosas. Me he dejado cosillas en el tintero, obviamente, pero es seguro que las iré recordando en el futuro :).

      Gracias a ti por el comentario.

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  3. Es una de mis asignaturas pendientes. Como segunda opción, mandé a unos sicarios (vaaaale, amiiigos) a pegarse la kilometrada así que si viste a tres notas con acento baturro, esos iban de mi parte
    ¿Podcasts? ¿De PbtA? Guiño, guiño.

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    1. Vi a un montón de personas, normalmente adelantándome a buen paso. A los Tres Baturros concretamente no les identifico, aunque había una familia de Huesca que iba con los críos y los jodíos niños se iban haciendo el Camino jugando con un perrete, dándole patadas a un balón y corriendo con una energía insultante para los que íbamos sudando como gorrinos.

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    2. Ah, y sí, estuve escuchando podcasts de Éxito Parcial, concretamente uno que me comparaba Urban Shadows con Monsterheartas. El capítulo en el que fuiste tú a hablar de tu experiencia dirigiendo por foro ya lo oí hace tiempo ;)

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  4. Me parece una experiencia supe interesante. La verdad es que, con lo que me gusta andar, no se porque no me he decidido nunca a intentarlo, pero después pienso en las incomodidades del camino y recuerdo lo mucho de hobbit que hay en mi interior. XD

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    1. ¡Pero si es un paseo excelente para hobbits! Por lo menos en el tramo que hice yo: sitios pintorescos, cuestas no demasiado empinadas, buena comida, árboles y animalitos (esto es, vacas)... ¡será como pasear por la Cuaderna del Oeste!

      También te digo, como ya tenemos una edad, resérvate con tiempo una habitación en un hostal en cada etapa del camino y contrata a las empresas que te llevan la maleta de un sitio a otro. Es decir, viaja como un hobbit: con todas las comodidades.

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    2. Mejor las comodidades del salón 🤣

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